Nuestra Historia
Desde 1940, tres generaciones unidas por la misma pasión.
«Nuestro propósito es que las personas disfruten del consumo de vino con responsabilidad y moderación, sustentados en tres pilares básicos: pasión por nuestro trabajo, excelencia y combinación de tradición e innovación.»
Los orígenes
Nuestra historia comienza en 1911, cuando en la calle Artero, en el seno de una familia de agricultores, nacía Blas Muñoz García de la Rosa en la localidad toledana de Noblejas.
De joven trabajó como mozo de reparto de vinos con su tío Lucio, para luego comprar su propio camión y forjarse un futuro en lo que a la postre fue su pasión: el mundo del vino.
La Guerra Civil no hizo decaer su espíritu emprendedor y, en 1940, con más ilusión que medios, propuso a su tío asociarse para crear una bodega —el germen de Bodegas Artero— que acabaría conociéndose como la Bodega de Los Lucios.
El impulso de Bienvenido
El negocio crece de la mano de Blas que, con las ideas muy claras, encabeza un proyecto basado en dos principios inquebrantables: calidad y honestidad. Pero aún quería dar continuidad a su trayectoria con un proyecto personal que trascendiese más allá de su generación.
A finales de los 50 decide iniciar la construcción de su propia bodega y comienza a adquirir pequeñas fincas que iría plantando de viñedo. En 1963, con la nueva bodega ya en marcha, entra en liza la segunda generación de la mano de Bienvenido Muñoz Crespo.
Con el profundo conocimiento de Blas y el empuje juvenil de Bienvenido, la bodega amplía su radio de acción a otras regiones, especialmente en la cornisa cantábrica.
Una bodega para el mundo
El tiempo no pasa en balde y Blas va cediendo el testigo a Bienvenido que, con el oficio aprendido y los mismos valores legados por su padre, coge el timón y se anticipa a lo que iba a ser el futuro del sector.
Con una personalidad muy creativa, lleva a cabo una profunda transformación, modernizando tanto el viñedo como las instalaciones de elaboración. Es pionero en introducir en la región variedades de uva y sistemas de conducción entonces desconocidos, destinados a forjar un nuevo modelo basado en la calidad.
Aprovechando la nueva coyuntura, comienza la exportación de vinos a Europa, donde consolida la misma imagen de calidad y honestidad que su padre había forjado en el mercado nacional.
El legado continúa
El mercado comienza a ser global y el mundo del vino no es ajeno a estos cambios. Bienvenido, conocedor de este panorama, empuja a sus hijos a formarse para afrontar las nuevas realidades.
En los albores del nuevo milenio se incorpora la tercera generación. Llegan Bienve y Pilar, y con ellos nuevos conocimientos e ideas. Bienve aporta su formación como ingeniero agrónomo y trabaja desde el viñedo hasta la bodega para dar forma a la nueva gama de vinos que Pilar posiciona en el mercado.
En el fondo, las tres generaciones están unidas en un mismo proyecto más allá de los años: pasión, calidad y combinación de innovación y tradición. En cada botella hay mucho trabajo y, sobre todo, el legado familiar.
De 1911 a hoy
Nace Blas Muñoz en la calle Artero de Noblejas.
Funda la «Bodega de Los Lucios» junto a su tío Lucio.
Blas inicia la construcción de su propia bodega y planta sus primeras fincas.
Se incorpora Bienvenido Muñoz Crespo, la segunda generación.
Modernización con una nueva bodega de elaboración.
Apertura a los mercados internacionales.
Plantación de la Finca Robledillo. Llega la tercera generación.
Nace el proyecto de la finca La Senda Arenales.
Modernización, con una nueva nave de Crianza para 4.500 barricas.
Bienve y Pilar lideran el proyecto familiar mirando al futuro.